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Los libros digitales no son tan ecológicos como creemos

Los libros electrónicos son, para la mayoría de las personas, una alternativa ecológica frente a los libros convencionales; sin embargo, cuando investigamos más a fondo el tema, comienzan los interrogantes y entramos en un interesante debate que merece nuestra atención.

El principal impacto de un libro tradicional está en la producción del papel, y el del e-book, en la fabricación del dispositivo, ya que para crear un e-reader se necesitan metales como el aluminio, el cobre o el litio y minerales como el coltán.

La segunda comparación tiene que ver con las emisiones de CO2, que para un libro en papel rondan los 21 kg y para un e-reader rondan los 2690 kg de CO2 durante toda su vida útil. Los libros en papel son considerados bienes de larga duración y no consumen ningún tipo de energía durante su uso. Sin embargo, debemos tener en cuenta que en un lector de libros electrónicos podemos almacenar miles de libros y cuando está cargado no consume electricidad; el mayor impacto procede de su proceso de fabricación. Mientras tanto, los bosques producen oxígeno natural para contrarrestar las emisiones de CO2 generadas por aparatos electrónicos como ordenadores, tablets y e-readers. Pero sin dudas lo novedoso de estos últimos es que poseen la famosa tinta electrónica, que tiene un consumo de energía muy bajo y por eso tienen mucha autonomía: pueden cargarse cada 15 o 20 días. También, por medio de la iluminación indirecta, nos permiten leer en cualquier sitio, en la oscuridad o en la playa. Es decir, podemos leer, aunque el sol nos pegue de frente, a diferencia de las pantallas convencionales, con las que sería muy molesto y casi imposible. Además, las pantallas convencionales, al ser retroiluminadas, traen fatiga visual. En cambio, leer en un lector digital no nos hace mal a la vista, ya que es como leer un libro físico. Pero lo más notorio de las pantallas convencionales es que gastan mucha batería. De esto último nos damos cuenta cuando, por ejemplo, leemos en el móvil.

El avance tecnológico y el confinamiento por la COVID-19 hicieron que los libros electrónicos cobren más relevancia y sus ventas aumenten de manera significativa. 

Sobre los e-books

Podemos leer libros electrónicos o e-books en un ordenador, en una tableta, en un móvil o en cualquier lector de libros electrónicos (e-readers como el Kindle, por ejemplo). Con respecto a los formatos, el más común es el .epub, pero también existen formatos nativos como el .mobi de Amazon. Lo novedoso es que Adobe PDF ahora permite que los PDFs se adapten, que sean responsive. Pero esa es otra historia…

Para visualizar un e-book, necesitamos una aplicación o programa como el Adobe Digital Editions. También existen otras aplicaciones como Google Play Books, Bookari y Bookmate, entre muchas más. Para móviles, ipads o e-readers, la App Kindle es por lejos la mejor: nuestros libros se sincronizan automáticamente en todos nuestros dispositivos y podemos personalizar nuestra experiencia de lectura: podemos modificar el tamaño y el tipo de letra. Otro de sus beneficios es que nos indica cuántas páginas nos quedan por leer y cuánto tardaríamos en leerlas teniendo en cuenta nuestro ritmo de lectura. También podemos seleccionar una palabra y podemos saber qué significa. Esto es útil cuando leemos en otro idioma, ya que el Kindle está vinculado a un diccionario, a un traductor y a Wikipedia. Hacemos click sobre la palabra y podemos ver el significado, la traducción o, si es una persona histórica, ver su entrada en Wikipedia.

Con respecto a las ventajas de los libros electrónicos, encontramos la practicidad: podemos llevarlos a todos lados; la comodidad: no debemos cargar con el peso del libro físico; y la portabilidad: podemos almacenar decenas de libros en unos pocos bytes. No nos olvidemos de la disponibilidad inmediata de los e-books, ya que están siempre a nuestro alcance, nunca se agotan.

¿Qué tan ecológico es el papel de un libro?

Al publicar libros impresos, las editoriales españolas que buscan brindar una imagen de compromiso con la ecología colocan en sus páginas el emblema con la certificación forestal que brindan los sellos FSC (Forest Stewardship Council) y de la PEFC (Asociación para la Certificación Española Forestal). Sin embargo, hace algunos años que Greenpeace y otras organizaciones ecologistas cuestionan el cumplimiento de las normas establecidas por esas organizaciones. Greenpeace, por su parte, ha llevado a cabo varios estudios sobre este tema.

La editorial española Errata Naturae aprovechó el confinamiento para frenar y reflexionar sobre qué rumbo tomar y sus decisiones tienen la intención de aumentar la necesaria concienciación de cara a la defensa de los ecosistemas y la lucha contra el cambio climático. Han comenzado un proceso de transformación muy interesante. Sus prácticas son un ejemplo de que es posible una vida más libre y ecológica: han desestimado por poco fiables a los sellos FSC o PEFC y van a diseñar los libros de modo que sean 100 % reciclables, utilizando algunos de los papeles más ecológicos del mundo.

Sobre la deforestación

El reciente informe “Frentes de Deforestación”, llevado a cabo por WWF España, analiza las soluciones a la deforestación y concluye que estas deben ser integrales y adaptadas al contexto y deja en claro que no hay una única solución, sino que se deben combinar múltiples variables.

Así como existen aplicaciones que, al escanear un producto, podemos saber qué es lo que estamos consumiendo (por ejemplo: Yuka, que al escanear productos alimentarios y cosméticos podemos descifrar su composición y evaluar los efectos sobre nuestra salud). Qué bueno sería que exista una aplicación que nos diga si la elaboración de un producto ha contribuido a la deforestación o no. Varias organizaciones ecologistas se unieron a la campaña de WWF “No te comas el bosque (#Together4Forests)”, donde más de un millón de personas han pedido una nueva ley de la UE para garantizar que la producción de este tipo de objetos se haya hecho sin afectar la deforestación y la destrucción de la naturaleza.

En la actualidad existen muchos estudios exhaustivos sobre este tema y es difícil adoptar una postura. Lo ideal sería que hagamos un consumo responsable tanto del papel como del uso de los dispositivos electrónicos. Es importante que seamos conscientes de los bienes que consumimos, que nos preguntemos de dónde vienen y que reflexionemos con el fin de adoptar buenas prácticas.

María Jaeschke

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