Obsolescencia programada: qué es y por qué erradicarla

La obsolescencia programada genera una sobreexplotación de los recursos naturales necesarios para los productos, cuya producción emite Gases de Efecto Invernadero. Una vez que los productos son desechados, sus componentes luego son desmantelados, triturados o fundidos, lo que ocasiona que sus materiales tóxicos sean liberados al ambiente.

¿Has notado que los aparatos eléctricos cada vez duran menos? Esto se debe a la obsolescencia programada. Es decir, los fabricantes deliberadamente los diseñan y programan para que fallen o se vuelvan obsoletos después de un período corto de tiempo. La finalidad es aumentar la tasa de reemplazo y, en consecuencia, incrementar las ventas. 

La obsolescencia programada genera una sobreexplotación de los recursos naturales necesarios para los productos, cuya producción emite Gases de Efecto Invernadero. Una vez que los productos son desechados, sus materiales tóxicos son liberados al ambiente. En 2019, sólo el 20% de los más de 50 millones de toneladas de desechos electrónicos fueron reciclados. Para hacernos una idea, 50 millones de toneladas equivaldrían al peso de 6 millones de elefantes. 

La excusa es que este tipo de producción impulsa el crecimiento de las empresas, crea gran cantidad de puestos de trabajo, promueve la innovación y la mejora de la calidad de los productos. Como resultado, se logra que los productos sean cada vez más baratos y que estén disponibles a más cantidad de personas.

Francia ya cuenta con una ley para sancionar la obsolescencia programada

La “ley Hamon” de 2014 es la primera ley del mundo en sancionar esta práctica, exigiendo a las empresas que sean transparentes al comunicar la vida útil de sus productos. Gracias a esta ley, se ha abierto una causa criminal en contra de Epson, convirtiéndose en el primer caso del mundo de obsolescencia programada. Otros muchos países están comenzando a tomar medidas legislativas para ponerle freno.

Beneficios que traería su eliminación

Si las empresas comenzaran a evitar esta práctica, habría un mayor ahorro energético, reducirían las emisiones de Gases de Efecto Invernadero, el agotamiento de recursos naturales y la basura electrónica. Además, generaría ahorros en los consumidores y se crearían miles de empleos gracias a la promoción de la economía circular.

Por todos estos motivos, resulta fundamental la regulación de esta actividad estableciendo obligaciones a los productores de aumentar la vida útil de sus productos y reducir sus desechos electrónicos. Así, los consumidores conozcan de antemano la vida útil de los productos y sus componentes. De este modo, se podrá generar una conciencia social que exija mayores prácticas sostenibles para asegurar que las generaciones presentes y futuras gocen de un ambiente sano.

Pablo Hernan Martos