La crisis climática y ecológica también es una crisis de salud

Sin restarle importancia a la crisis de salud del COVID-19, la ansiedad generalizada que está sintiendo el ciudadano promedio por la pandemia es la que sentimos muchos desde hace tiempo por el calentamiento global

Si hubieras sabido que se avecinaba esta pandemia, ¿Habrías hecho algo al respecto? ¿Te frustrarías si tus representantes supiesen sobre ella y como prevenirla, pero decidiesen no hacer lo suficiente? A diferencia del coronavirus, el calentamiento global no te infecta de un día para el otro, pero sí avanza diariamente, todo el tiempo, sobre toda la humanidad, lo evadas o no. 

Sí, frenar el cambio climático es un problema complejo, pero no porque nos falte “una cura”, sino porque los incentivos no están dados para implementar la cura que conocemos y que sabemos que funciona. La “cura” se llama mitigación, y “se refiere a los esfuerzos para reducir o prevenir las emisiones de gases de efecto invernadero”. 

El problema reside en que la mitigación tiene las características de lo que los economistas llaman «bien público». En primer lugar, mientras que el costo de mitigar es local, los beneficios no son excluyentes: es imposible excluir a otros países de disfrutar de los beneficios de la mitigación. Además, los beneficios no son rivales: que un país disfrute de los beneficios de mitigar no reduce el disfrute de los otros

En síntesis, mientras que mitigar tiene un costo local, sus beneficios son difusos, globales, y compartidos. Lo que crea una situación donde todos quieren disfrutar gratis del esfuerzo de los demás, todos quieren ser un free-rider

Para lograr que los estados aporten a la mitigación, se recurre a la elaboración de acuerdos internacionales. Pero, debido a que el sistema internacional es anárquico (no hay autoridad global) y, por lo tanto, tampoco imposición de objetivos, en adición a que la mayoría de los estados quiere realizar la menor mitigación posible, la cooperación es limitada.

Lo anterior puede observarse en las COP, donde los gobiernos del mundo se reúnen anualmente para intentar enfrentar el calentamiento global. Allí, si bien los estados se sientan a negociar, no se logra modificar los incentivos previamente fijados. Cada gobierno establece su objetivo de mitigación conforme a sus circunstancias nacionales, que se construyen de forma ajena al marco cooperativo (Estrada-Oyuela, 2013). Aquello que, sin incentivos domésticos para que suceda lo contrario, resulta en el establecimiento de objetivos internacionales insuficientes para evitar la crisis climática y ecológica.

Entonces la pregunta que nos debemos hacer es: ¿Qué sucedería si se modificaran las circunstancias nacionales?

¿Qué sucedería si el ciudadano promedio se informara de los peligros del calentamiento global como se ha informado del coronavirus, y presionara para que las esferas más poderosas del gobierno actúen? 

Para lograr que un país establezca objetivos de mitigación pretensiosos de manera inmediata, e independiente de lo que hagan otros, se deben modificar las circunstancias nacionales. Si la mayoría de la sociedad civil ejerce presión y, en democracia, integra en su voto el factor ambiental como algo prioritario, los políticos van a tener incentivos domésticos para mitigar. 

De esta manera, cada estado contribuiría colateralmente al problema del cambio climático, logrando una mitigación efectiva como está sucediendo con el coronavirus, donde todos los estados hacen su mejor esfuerzo para eliminar la problemática (por incentivos domésticos e independientemente de lo que hacen los otros estados).

Es muy difícil que un cambio tan grande como el que requiere la crisis climática y ecológica se lleve adelante desde una secretaría o ministerio de ambiente. Enfrentarla implica llevar a cabo políticas activas que restrinjan la acción de ministerios y esferas del gobierno más poderosas. Por ello es que se necesita completo apoyo de la sociedad civil y el poder ejecutivo, como lo tiene la crisis de salud que estamos viviendo debido al coronavirus.

Mitigar el cambio climático implica mitigar la posibilidad de que nuestro medio ambiente se transforme en uno insano para el ser humano. La crisis climática y ecológica también es una crisis de salud. Estamos a tiempo de hacer lo correcto y evitar más catástrofes, empoderémonos y hagamos algo al respecto; somos capaces de hacerlo. 

Delfina Godfrid